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martes, 11 de enero de 2011

Indefensos

Le dió claridá a la luz,
juerza en su carrera al viento,
le dió vida y movimiento
dende la águila al gusano;
pero más le dio al cristiano
al darle el entendimiento.

Martin Fierro

Pudo haber sido mi sobrino pequeño, mi vecino o cualquier ciudadano. Hace una semana atropellaron a mi hijo menor y a su amigo mientras iban en bicicleta. Los chocó un vehículo que evidencia no estar en regla para circular. El conductor, luego de atemorizarlos para que apuren la marcha en un cruce estrecho, los adelantó imprudentemente, los embistió y se dio a la fuga: un delito agravado según la ley.
Gracias a Dios, no hubo más que magulladuras, escoriaciones, hematomas, susto, dolor y rabia.
Como corresponde, los chicos se acercaron a un agente municipal quien, además de reconocer que el supuesto conductor de ese vehículo les ocasiona muchos dolores de cabeza, los derivó a la policía. En la comisaría no les tomaron declaración porque eran menores tampoco se preocuparon por ver si precisaban atención médica o constatar las lesiones.
Luego de indagar sobre los antecedentes del supuesto conductor del vehículo y escuchar una innumerable cantidad de historias que demuestran su conducta irresponsable, acompañé a mi hijo a la comisaría local. Quería cambiar la imagen negativa que tenía por no ser atendido y darle una lección de responsabilidad social en el ejercicio de sus derechos. Me atendieron muy bien. Esta vez preguntaron si hubo lesiones y al constatarlas me dijeron que volviera al día siguiente con un sellado de 5 pesos del banco para hacer la declaración…
Confieso que quedé indignado e impotente. Frente a un delito agravado, con evidente intencionalidad, que atenta contra la vida, los sistemas que deben proteger a los menores simplemente se lavan las manos enroscados en una serie de formalismos burocráticos. Si hubiese ocurrido una tragedia el agresor tenía tiempo más que suficiente de huir.
Me pregunto ¿qué hubiese pasado si quienes iban en la bicicleta eran una madre y su pequeño hijo o un abuelito? ¿Hay que esperar una muerte para que se tomen medidas, siempre extemporáneas, costosas e ineficaces? O peor aun ¿dependemos del horario bancario para reclamar los derechos?
Me parece que quienes sostienen desde la intendencia que este municipio es un municipio saludable no tienen claro el concepto de salud. A no ser que saludable venga del verbo saludar. Entiendo que la situación es compleja, pero mirar para otro lado, o escudarse en vericuetos burocráticos solo refuerza la impunidad de quienes hacen de la prepotencia y la irresponsabilidad su forma de vida. Al final la sociedad pierde sus espacios y sus derechos, como sucedió con las bicicletas y los niños, las veredas y los ancianos. Ganan los delincuentes.
Numerosos estudios muestran que cuando el costo de la conducta riesgosa es más alto, la conducta disminuye. Es decir, cuando las sanciones son aplicadas con firmeza y la sociedad apoya a las autoridades en el ejercicio diligente y expeditivo de sus funciones, se disminuyen las contravenciones y se fomenta la conducta responsable.
Mientras en Libertador anden impunes los dueños de las calles tendremos que dejar que estos delincuentes usen y abusen los espacios urbanos recluyéndonos a las veredas (si las hay) o haciendo penosos rodeos para no invadir sus territorios. O, tal vez, transformarnos en ñandúes, para correr o para esconder la cabeza.

lunes, 26 de julio de 2010

Cifras provisorias

La mortalidad por accidentes automovilísticos en 2009 en Argentina fue de 7885 personas según la asociación civil “Luchemos por la vida”. Un promedio anual de 657, diario de 22. Estas cifras son provisorias al 5 de Enero de 2010.
Los accidentes son considerados como "la epidemia del siglo XX", cuya mortalidad supera a muchas enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define accidente como un "acontecimiento fortuito, generalmente desgraciado o dañino, independientemente de la voluntad humana, provocado por una fuerza exterior que actúa rápidamente y que se manifiesta por la aparición de lesiones orgánicas o trastornos mentales". El concepto de accidente es científicamente impreciso por la multiplicidad de causas, circunstancias y efectos que envuelven la ocurrencia del mismo. Según la definición de la OMS aquello que puede ser evitado o prevenido no constituye un accidente y se denomina trauma.
Las estadísticas muestran un incremento mundial de muerte por trauma vial con una tasa de incidencia que afecta a más personas en un espectro etario cada vez más amplio. Los porcentajes de víctimas fatales en nuestro país según roles muestran que 24% son peatones, 42% conductores u ocupantes del automotor, 8% ciclistas y 25% moto o ciclomotoristas. De este último grupo solo un 4,1% utiliza casco protector. Lamentablemente cuando ocurre una tragedia, las estadísticas representan una ironía: para la víctima es el 100%. El sentimiento de vulnerabilidad lleva a los sobrevivientes a buscar culpables o responsables y pretender soluciones inmediatas con un bajo nivel de autocrítica.
Es cierto que donde no circula la droga es más difícil iniciar una adicción o que el uso del preservativo disminuye las enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados, pero estas medidas no reducen el riesgo por si solas, como así tampoco se disminuyen los accidentes desplazando la ruta fuera del radio urbano. Las estadísticas muestran una mortalidad por accidentes casi similar entre la zona rural y urbana (48 y 52% respectivamente).
En la gran mayoría de los accidentes automovilísticos sigue siendo la imprudencia la causa determinante: la velocidad, el consumo de alcohol, uso de celulares y dispositivos personales de sonido con auriculares (MP3), negligencia en las medidas de seguridad y arrebato o distracción en zonas de mayor riesgo.
Por otro lado la OMS reconoce que ante el aumento de vehículos las infraestructuras existentes resultan obsoletas o insuficientes a la hora de prevenir los accidentes y enfatiza la responsabilidad de los gobernantes en los distintos niveles de acción.

Opino que el mayor problema sigue siendo la falta de educación vial precoz, la violencia al volante y la percepción parcial del problema. El ministro del Interior Florencio Randazzo señaló que los accidentes automovilísticos en Argentina en 2009 bajaron un 9,2% según los datos del Observatorio Vial: 3835 casos; menos de la mitad de lo notificado por “Luchemos por la vida”. En materia de seguridad no se pueden manipular o desestimar los datos.
Ante el reciente evento que conmocionó a los vecinos, la respuesta insuficiente del Municipio apelando a Dios para que proteja a las víctimas demuestra que el problema se les fue de las manos. La ruta seguirá cobrando víctimas en la medida en que no generemos conciencia urbana de seguridad vial, que no tengamos un compromiso eficaz contra la imprudencia y exijamos la inhabilitación ejemplar a los infractores, aunque sean amigos, parientes, vecinos, entidades oficiales o poderosos inversores.