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lunes, 31 de octubre de 2011

Más de lo mismo


Las elecciones pasadas constituyeron un excelente ejercicio democrático. Más allá de los resultados, de las simpatías personales y las anécdotas, la experiencia significó un evento histórico, marcando un antes y después.

Un análisis superficial nos lleva a pensar que  somos una sociedad reacia a los cambios y con una marcada tendencia a preferir lo anecdótico sobre el ejercicio responsable de la autonomía.  La coyuntura política única representada por la concordancia ideológica de los representantes departamentales (diputado y senador) intendentes de las localidades vecinas con el gobernador electo, crearon el espacio de articulación ideal para fomentar la gestión coordinada de proyectos que la comuna no puede asumir por sí sola. En este contexto un gobierno municipal alineado podría haber resultado de gran beneficio para el municipio.

Cuando vemos los resultados con más serenidad podemos arriesgar consideraciones significativas. Dos tercios de la población no comparten las propuestas del gobierno electo. El surgimiento de una propuesta no vecinalista como segunda fuerza puede significar el deseo de cambio y de aceptar que el crecimiento de Libertador exige un gobierno coherente con los tiempos que corren, exento de personalismos y propuestas poco comprometidas. La caída del AVU como movimiento en ejercicio del poder representa la calificación pública de la gestión. En este sentido los números son evidentes. Por otro lado la disidencia peronista fue víctima del análisis poco crítico de la circunstancias y del contexto, algo similar a lo ocurrido con el radicalismo. Aún así, cada movimiento enriqueció la pluralidad necesaria para nutrir una democracia saludable.

Sostengo que somos una comunidad poseedora de un estilo de vida y fundamentos filosóficos particulares que deben ser protegidos desde el ámbito político e institucional. Lamentablemente muchos de los que defienden con vehemencia esta característica y cuestionan el riesgo de que haya una invasión foránea, no tuvieron ningún impedimento moral a la hora de repetir argumentos espurios. Personalmente creo que ocurrieron algunas cosas que deberíamos proscribir: el arreo al voto de ancianos incapaces de tener un pensamiento autónomo, el condicionamiento religioso excluyente que defiende la asociación de iglesia y estado, los comentarios anónimos irresponsables en los medios digitales, la prepotencia de algunos militantes que se creen dueños del pueblo y la descalificación del Senador Kramer en la cena radical.

Pero tal vez  haya un elemento que deberíamos analizar con mayor sosiego y profundidad y tiene que ver con el porvenir. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo responderemos como comunidad a la nueva propuesta del MIA? ¿Nos resignaremos a soportar más de lo mismo viendo el poco compromiso en las propuestas de gobierno? ¿O tomaremos nuestra responsabilidad de ciudadanos en la construcción de un municipio maduro, acorde a los tiempos modernos, con un fuerte compromiso con la gestión y una clara responsabilidad de cara a los desafíos que plantea el futuro?

Insisto en la preocupación que me produce saber que el gobierno municipal electo cuenta solo con un tercio de la población de su lado; que muchos valoran más su victoria sobre los contrincantes que el honor de gobernar, en este eterno “Boca-River político” que enfatiza la derrota del adversario como un trofeo de guerra.

Los resultados de estas elecciones municipales llaman a la concordancia y a la cooperación. Sobretodo exigen humildad de los ganadores para ponerse a disposición de toda la comunidad, independientemente del voto. De todos depende cambiar la historia para cortar el persistente ciclo de seguir teniendo más de lo mismo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Límites


Escribo estas líneas sin saber aún los resultados de las elecciones. No puedo negar que, mientras escribo, imagino las diferentes alternativas y trato de interpretar las tendencias. Pero, definidamente, en este momento estoy limitado por la certeza que nadie puede anticipar el futuro.

Mirando hacia atrás en esta maratón política me puse a reflexionar sobre lo que realmente puedo, es decir, el camino recorrido.

La política, definida como “el arte de hacer posible lo necesario”, nos lleva por caminos que podemos anticipar con cierta actitud crítica, pero que no dejan de sorprendernos. Cuando uno se desprende de los proselitismos y las ambiciones y se concentra en las personas y sus necesidades aparece la persistente sensación de casualidad y causalidad. Esa cuestión azarosa que determina que uno esté viviendo un aquí y ahora similar o tan diferente al del otro con quien interactúa.

En las visitas a los vecinos, en la recorrida de calles, atajos, senderos y caminos, detrás de cada puerta que se abría, había personas. Cada una de ellas transitando sus historias de vida, con pliegues en la piel o con la tersura de una juventud esperanzada. Un cúmulo de anécdotas y opiniones, deseos y esperanzas,  ciertas dudas y viejas frustraciones.

Algunos, a los efectos de promover su movimiento, con mucha vehemencia exageraban ciertas verdades y otros mentían descaradamente. Como si la contienda política estimulara la amnesia o trastornase la memoria. Cuando creemos que el fin justifica los medios ¿estamos habilitados a mentir si fuera necesario para defender la moral y las buenas costumbres o alguna causa divina?

Quiero concentrarme en este punto. Los absolutismos, a los que nos fuimos acostumbrando, generaron la idea de que las causas divinas necesitan defensores a toda costa, que para proteger una idea se puede recurrir a cualquier método. Podemos hacer un recorrido por las prácticas de la Inquisición no tan reciente o por los argumentos que descalifican a los que creen que la política representa el ejercicio del pensamiento libre y la capacidad de elegir a los representantes más adecuados.

Me sorprendió, en una entrevista radial, que una persona tratara de invalidar mi candidatura alegando que yo había transgredido las normas adventistas ante una supuesta visita al gobernador en viernes de noche. En su afán de defender su concepción teocrática del gobierno local optó por la mentira sin titubear ¿Acaso el falso testimonio no transgrede los preceptos divinos y, además, la ley civil? Otros prefirieron desparramar mentiras desde el cobarde anonimato de los ámbitos digitales.

Es probable que, mientras usted lea estas líneas, los destinos políticos de Libertador San Martin hayan sido sentenciados con el voto de la gente. Seguramente se hará un análisis sobre causas y consecuencias y se proyectarán los posibles modelos de gobierno. Pero debemos reconocer que esta elección marcó un  punto de inflexión en la forma de hacer política en esta comunidad. Más allá del examen que exijan los resultados de las urnas quisiera llamarnos a la reflexión sobre lo que sostenemos como nuestro estilo de vida y las formas en que lo manifestamos. No es coincidencia que nuestra filosofía no trascienda más allá del espacio institucional y el conurbano inmediato, aunque se compartan más de un siglo de convivencia.

Para crecer como comunidad y cumplir el sagrado objetivo que asumimos como un mandato divino, debemos empezar por analizar críticamente nuestras intenciones, la forma en que miramos al otro, la manera en que descalificamos al que piensa diferente, al que limitamos subestimando su voz y cuestionando su voto.

martes, 11 de octubre de 2011

Darse cuenta


“Medimos el valor del individuo por la suma de sus desacuerdos con las cosas, por su incapacidad para ser indiferente, por su negativa a tender hacia el objeto.” 
E. M. Cioran -  La Tentación De Existir

Darse cuenta es una película argentina de 1984, dirigida por Alejandro Doria, protagonizada por Luis Brandoni, Dora Baret, Luisina Brando y China Zorrilla -responsable de la idea del guion- con un elenco de actores destacados. Fue estrenada en Buenos Aires el 30 de agosto de 1984. Ganadora de cuatro premios, incluido el Cóndor de Plata como mejor película de 1985.

Basada en una historia real, un joven (Darío Grandinetti) sufre un accidente de automóvil siendo trasladado a un hospital público. En coma y con serias afecciones en su columna, los profesionales consideran que no tiene probabilidades de sobrevivir dignamente. Habiendo sido abandonado en dicho estado prácticamente por su familia y amigos se encuentra con un médico obstinado y de principios (Luis Brandoni), quien lucha por salvarlo. La historia gira en torno al proceso de darse cuenta, es decir, admitir las diversas circunstancias que conforman nuestra forma de ver y actuar ante los desafíos de la vida y el triunfo de la esperanza. En esta historia se pueden ver las diversas filosofías que condicionan a las personas: quienes no ven dignidad en una vida que perdió su autonomía  y aquellos que ven a la persona con todo el potencial de desarrollo por encima de las limitaciones del trauma.

En pedagogía se observa que aquellos docentes que creen en la capacidad de sus alumnos de llegar a desarrollar todo su potencial y alcanzar cualquier meta que se propongan, obtienen de ellos los mejores resultados.

Creo que este principio es totalmente aplicable a la política. ¿Puede limitarse el desarrollo de una comunidad si se cuestionan las alternativas de progreso desde una visión exclusiva? Cuando se asume que una condición es consecuencia de las buenas o malas decisiones y se abandona al individuo a su propia suerte, se pierden los ejes fundamentales que nutren a las sociedades maduras, es decir, las acciones solidarias, el estímulo al desarrollo y el respeto la autonomía impulsando las capacidades de cada uno integrándolo a un proyecto comunitario.

Este “darse cuenta” también representa la visión del dirigente. ¿Hasta dónde soy consciente de la sagrada misión de conducir los destinos de una comunidad? ¿Este acompañamiento (con consecuencias futuras) responde a una estrategia integradora o a la mera ambición de acceder al poder? ¿Qué concepto tengo de la comunidad que pretendo administrar? La función de un gobernante no se basa en la concesión de dádivas antojadizas más o menos adecuadas o el descubrimiento de placas que recuerden un paso por la gestión. 

Los tiempos actuales exigen una integración hacia metas más optimistas. El salto a la modernidad y la integración regional no pueden discriminar, excluir, ni menospreciar la condición del hombre de superarse y procurar un destino mejor, a partir de la esperanza como condición subyacente.

Cioran  concluye: “Los teólogos lo han advertido desde hace mucho: la esperanza es el fruto de la paciencia. Debería añadirse: y de la modestia. El orgulloso no tiene tiempo de esperar... Sin querer ni poder esperar, fuerza los acontecimientos como fuerza su naturaleza; amargo, corrompido, cuando agota sus rebeliones abdica: para él no hay fórmula intermediaria. Es innegable que es lúcido, pero la lucidez, no lo olvidemos, es lo propio de los que, por incapacidad de amar, se desolidarizan tanto de los otros como de sí mismos.”

lunes, 2 de mayo de 2011

De gaviotas y de halcones

Escribo estas líneas desde mi cuarto de hotel en Villa Gesell. Es de noche, afuera sopla una brisa fresca y, desde mi ventana, puedo ver que el cielo se encuentra nublado. Hace unas horas, cuando la luz solar se traslucía entre las nubes fui caminando hasta la playa. Nunca estuve aquí. Me sorprendieron las dunas, o, mejor dicho, me sorprendió la ciudad oculta entre las dunas y los árboles.

Según relata una escueta descripción fuera de la casa fundacional, actual museo municipal, originalmente el lugar no tenía arboles y las dunas eran las únicas dueñas del lugar. Con el tiempo los pobladores fueron modificando el paisaje marcándolo para siempre con edificios y espacios para la explotación turística, resultando un lugar acogedor y bonito.

El motivo de mi visita es el 1er Concilio Médico Misionero de la Unión Argentina. Este evento se constituyó en un espacio de reflexión acerca de la responsabilidad que tiene cada componente del equipo de salud de las distintas instituciones médicas adventistas en buscar un encuentro personal con Dios que genere un reavivamiento. Esta renovación espiritual llevará al necesario cambio en ideas y teorías, hábitos y prácticas.

Mientras caminaba por la playa vi unas gaviotas pescando. Había mucho viento y el mar estaba picado. Las olas rompían con fuerza sobre la costa levantando espuma. La bruma impedía la visibilidad a distancia y el mar se confundía con el cielo gris. Como ajenas a esta condición meteorológica, las aves volaban ágiles y, de vez en cuando, se zambullían en busca de su presa. Eran las más audaces e inquietas.
En otro sector de la costa tres gaviotas y un halcón, que parecía comandar el grupo, se esmeraban en proteger un par de pescados muertos que la marea arrojó sobre la arena. Yacían casi inmóviles, expectantes. No se arriesgaban a dejar el lugar por temor a perder la presa. Con un graznido intimidante hacían notar que estaban dispuestas a presentar pelea si fuera necesario.

Me puse a reflexionar en esta escena. Mientras un grupo de aves trabajaba por lograr comida fresca, luchando contra el viento y las olas, el otro se conformaba con un par de pescados podridos bajo las órdenes de un ave rapaz. No pude evitar asociar la escena a la realidad social local.

Con cuánta frecuencia nosotros, los habitantes de la Colina de la Esperanza, cualquiera fuere la condición o rango asumimos la posición del segundo grupo. Resulta evidente tanto en las pugnas políticas, como en ciertos espacios de poder. Pareciera conformarnos lo que consideramos presa segura y la defendemos con garras y dientes o amenazadores graznidos. En esa instancia desaparece de vista el semejante y la monstruosidad fétida de aquello que constituye el botín ocupa la escena, la carroña se vuelve protagonista.

¿Qué pasaría si nos animáramos a probar comida fresca en un mar repleto de peces? ¿Qué sería de nuestra comunidad si en vez de pelearnos por un pescado descompuesto procuramos abrir las alas y conseguir el alimento que merecemos? Hay tanto para buscar: la solidaridad como bien, la equidad social, la tolerancia, el abrazo fraterno, las ideas innovadoras, la pertenencia, la comprensión y el reconocimiento a los que hicieron camino, la vida digna, la fe inquebrantable.

Basta con batir las alas y comenzar a volar. Para ver las cosas desde otra perspectiva, para procurar comida fresca. Para recordarnos que nuestro destino es volar y no aferrarnos a la carroña.

martes, 5 de abril de 2011

Mirar al futuro

Hace pocos días atrás el presidente del Uruguay, José “Pepe” Mujica, se presentó sorpresivamente al acto de condecoración que la embajada argentina en Uruguay otorgó a la ex vicecanciller y ex directora del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, María Bernabela Herrera Sanguinetti quien fue condecorada con la Orden de Mayo al Mérito en Grado de Gran Cruz por el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y el embajador Dante Dovena.

Luego del discurso de Herrera Sanguinetti el presidente Mujica declaró, con el tono pausado que lo caracteriza: “No me gusta un corno hablar del pasado. Francamente trato de mirar el porvenir desesperadamente. No soy hombre de lamentarme ni de lamerme las heridas, aprendí que en la vida hay deudas que nunca se pagan y cuentas que nunca se cobran, así es la vida”.

Mientras que los demás países de la región, haciendo apología del pasado, arremeten contra quienes consideran los responsables de sus penurias, justificando así su incapacidad de gobernar, resulta alentador escuchar un discurso con una apreciación del futuro tan admirable. Tengo la impresión que Mujica aspira a construir sobre bases nuevas, a probar otras alternativas, a hacer camino al andar, aunque sea sobre un terreno desconocido. Instala el compromiso de deshacerse de los lastres o de aquellos elementos que impiden avanzar anclados a costumbres, tradiciones y rencores.

Intuyo que la visión desesperada del porvenir, no tiene que ver con la pérdida de esperanza, sino es el enfático deseo de actuar, la impaciencia de ver transcurrir un prototipo de gobierno que diseña el futuro como quien proyecta un viaje con un destino concreto y no ve la hora de llegar a destino.
No podemos improvisar en política ni construir sobre modelos revanchistas. Las piedras que bloquean el camino, bien pueden resultar peldaños para escalar las alturas o cimientos para fortalecer las paredes.

La mirada desesperada al futuro impone desterrar las mentiras y los miedos; las amenazas espantosas y las verdades a medias. Exige concretar la equidad gobernando desde los vulnerables en un proyecto inclusivo y plural. Determina un examen reflexivo de cada acción, con la madurez suficiente como para retroceder sobre los pasos cuando se ha errado el camino o correrse al costado cuando se estorba.
Octavio Paz escribió: “Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo, del miedo al cambio”. Sostiene que “la palabra futuro es una palabra en decadencia.” Esa declinación del futuro agita la urgencia de rescatar un presente genuino y propio, dejar de esperar que las cosas ocurran por arte de magia o cierto exitismo ingenuo. Aunque así pareciera, la dignidad de los pueblos no se construye de manera impersonal, no resulta de la mera expectación o del devenir errático de los hechos, de la compilación de anécdotas ni de su repetición hasta distorsionar la verdad o perder la memoria y la identidad.
Tal visión de futuro no prevé el rescate de fórmulas caducas con acuerdos milagrosos o candidatos seductores, sino que estimula la búsqueda de un modelo político racional y eficiente.

No intentar una nueva historia con la excusa que ya todo está escrito, es como dejar escurrir la tinta en el papel porque se agotaron las palabras. Resucitar al ave Fénix solo traerá un desparramo de cenizas.

lunes, 3 de mayo de 2010

El día más triste

En menos de tres semanas ayudé a socorrer a dos vecinos de mi barrio. Los dos, personas mayores, se enfrentaron en pocos segundos a la muerte. Ambos vecinos de esta colina de la esperanza, constructores y observadores del devenir de la historia. No fui el único que ayudó; familiares y vecinos hicieron cada uno lo suyo para auxiliar a quienes yacían en el suelo.
A falta de ambulancia, es tremendamente difícil colocar en un vehículo común a una persona que no puede moverse, que no colabora simplemente porque se está muriendo. Es desesperante ver como corren los minutos para quienes sabemos cómo se escurre la vida con cada segundo perdido. Uno de mis vecinos no tiene una obra social que funcione en el sanatorio y tuvo que ser atendido como Dios exige en un sanatorio de Crespo. El otro, si. Si hubiese sido al revés no estaría más entre nosotros.
Mientras lo acompañaba palpando el pulso de un corazón que se agotaba, sintiendo el jadeo de sus pulmones que parecían un acordeón oxidado, pude ver su mirada suplicante. No sé qué extraño mecanismo se activó en mi mente; como en un eco volví a escuchar a nuestro intendente llamando a la unidad, alegando que el día más triste sería aquel que el vecinalismo pierda las elecciones.
Desde hace un año aproximadamente que se analiza desde el AVU la unión de los partidos vecinalistas disidentes. Mientras aguardaba noticias de mi vecino en la sala de espera de la unidad de terapia intensiva, me puse a reflexionar en lo que pudo haber pasado; en la carencia absoluta de servicios públicos de atención oportuna y eficaz. Caí en la cuenta de una realidad en la que no había pensado: la insuficiencia en materia de salud pública local involucra a todas las facciones políticas en el gobierno. Tanto el intendente como el director del centro provincial de salud son médicos. Ambos saben las necesidades de salud de la población local. Ambos son responsables del estancamiento en la provisión de atención en el municipio. Ambos pertenecen al mismo partido vecinalista. También es responsable el gobierno provincial que se escuda bajo un manto de ignorancia, quizás asumiendo que en Libertador San Martin no hay necesidades porque estas son cubiertas por el sanatorio. Pero también lo somos cada uno de los que emitimos un voto.
Después de sentir como la vida de mis vecinos se escurría entre mis manos, de imaginar que hubiese pasado si no llegábamos a tiempo, sentí pánico. ¿Qué ocurre con el resto de la población? ¿Cómo se traslada quien no tiene recursos? ¿Dónde se atienden los fines de semana o feriados? Parece que para los responsables locales vale tan poco la salud de la población que pretenden cuidarla con mano de obra gratuita: médicos que atiendan sin pagarles o con estudiantes sin matrícula.
La unidad del vecinalismo promete más de lo mismo, el partido que gobierna la provincia también. Entonces, se me ocurre que el día más triste no será aquel en que la gente se libere de las amenazas y las presiones colectivas y vote una plataforma de gobierno que responda a sus intereses genuinos.
El día más triste es aquel en el que perdamos la confianza de los seres sobre los cuales somos responsables, y ese día, en materia de salud, comenzó hace tiempo.

lunes, 5 de abril de 2010

La lección de Darwin

El escándalo que desató Charles Robert Darwin en la Inglaterra Victoriana del siglo XIX con su obra “El origen de las especies” había comenzado varios años antes en su interior. Como estudiante de teología en la Universidad de Cambridge tenía la firme intención de volverse un sacerdote anglicano. Sostenía que la Biblia era la fuente sagrada para explicar el origen del mundo. Sin embargo las evidencias encontradas en su viaje a bordo del Beagle confrontaron sus creencias teológicas inamovibles con pruebas contundentes. En su viaje halló evidencia de que las especies se adaptaban al medio modificando sus características y transfiriéndolas a su progenie. Nunca fue su intención excluir a Dios del proceso creativo y menos inferir que especies superiores descienden de organismos inferiores. Lo que socavó la fe de Darwin fue el sufrimiento presente en la naturaleza y en su propia vida, ya que su hija Annie murió a los 10 años de tuberculosis. No se volvió ateo pero expresó: «el agnosticismo es una descripción más correcta de mi postura».
Desde que vivo aquí puedo ver que en Libertador los alquileres y la propiedad están sobrevaluados. Se alquilan garajes minúsculos, sin comodidades esenciales de habitabilidad a precios exorbitantes. Se de estudiantes que pagan fortunas por sucuchos que no tienen las condiciones básicas de confort y seguridad. Las rentas pasaron a ser el gran negocio atrayendo a muchos inversores inescrupulosos.
Sabemos que es la ley de la oferta y la demanda la que determina los precios y pensamos dócilmente que no hay nada que hacer contra ella. Escuché decir que con elevados costos de vida se selecciona la categoría de los habitantes. Me sorprende esta forma de usura y especulación en una cultura cristiana y predominantemente adventista. No veo mucha diferencia entre la ley de la oferta y la demanda caníbal que cultivamos en nuestra villa y la supervivencia del más hábil propuesta por Darwin.
Así como los alquileres, los precios de la tierra por metro cuadrado en Libertador San Martin son unos de los más altos del país, y la construcción de la vivienda propia una utopía. En el ínterin las instituciones responsables están ausentes, entre otras causas porque los salarios que remuneran discrecionalmente por jerarquía y no por aptitud estimulan la búsqueda de ingresos paralelos. Veo loteos que rodean el pueblo y me pregunto: la tierra baldía o en proceso de venta ¿cuánto paga de impuestos? ¿Somos los habitantes y nuestros recursos los que subvencionan la construcción de caminos, cloacas, agua y luz en beneficio de los “inversores”? ¿No es acaso el terreno ocioso un problema urbanístico desde todo punto de vista? ¿No es lógico gravar estos lotes con impuestos cada vez más altos en la medida en que no se vendan o no tengan utilidad? Sería una forma de generar ingresos municipales que podrían utilizarse para favorecer la construcción y cortar la cadena de especulación.
Los precios de inmuebles y alquileres en Libertador son inmorales y creo que desde todos los ámbitos debemos tomar medidas para modificar esta situación. Muchos de los que critican a Darwin desde los púlpitos están avalando su teoría con las actividades comerciales que practican; mediante el sufrimiento ocasionado a los indefensos, tal vez estén creando la próxima generación de agnósticos.

domingo, 28 de marzo de 2010

Después de la memoria

¡Ay de los que dictan leyes inicuas y prescriben tiranía para apartar del juicio a los pobres, para privar de sus derechos a los afligidos, para hacer de las viudas su botín y robar a los huérfanos! ¿Qué haréis en el día del castigo? ¿A quién os acogeréis para que os ayude cuando llegue de lejos el desastre? ¿En dónde dejaréis vuestras riquezas? La Biblia en Isaías 10:1-3

El escritor Umberto Eco escribió un libro delicioso titulado “La misteriosa llama de la reina Luana”. En el relata la historia de un hombre que repentinamente pierde la memoria y de cómo la va rehaciendo a partir de su pasado con los rastros de vida que fue dejando en forma de objetos y mediante las personas que formaron parte de su existencia.

El olvido es una forma que tiene el cerebro de preservarse. Ante situaciones traumáticas la mente no solamente puede borrar completamente un recuerdo de la esfera consciente, sino que puede transformarlo y substituirlo por una experiencia inventada que se percibe como real aunque sea una mera ilusión. Sin embargo esa protección no siempre es efectiva. Esos traumas pugnan por hacerse evidentes y salir a la luz, la mayoría de las veces con síntomas inexplicables y manifestaciones confusas. Luis Chiozza plantea en su libro “¿Porqué enfermamos? La historia que se oculta en el cuerpo” que existe una relación directa entre el fracaso constituido por la pérdida de satisfacción post traumática y el cáncer.

¿Por qué si el olvido podría ser terapéutico rescatamos la memoria? En estos días escuché a varias personas decir que antes se estaba mejor. Que con los “gobiernos duros” había mayor seguridad y estabilidad. La importancia de evocar el pasado con sus aciertos y errores es precisamente evitar repetir la historia y desterrar los recuerdos inventados, aquellos con los que el cerebro intenta substituir la realidad cuando nos resulta abrumadora.
No. Nunca se estuvo bien con gobiernos ilegítimos. Bajo un manto de impunidad prosperaron los negocios turbios, se elevó la deuda externa a un volumen que descarna los huesos de millones de trabajadores, se forjaron las condiciones de la crisis social que hoy generan la inseguridad y violencia. Se desarticularon los poderes del estado en una ineficiencia persistentemente actual. Se fusionó el estado y la iglesia (cualquiera sea su denominación) en una relación cómplice y oportunista. Hasta se inventó una guerra para salvar el pellejo… una guerra que muchos aplaudieron con el mismo fervor con el que se festeja un partido de fútbol. Pero, por sobre todas las atrocidades, se multiplicaron los dioses dueños de la vida, especialistas en destilar el alma por medio de la tortura, cualquiera sea el instrumento. Parte de una generación desapareció y la otra incorporó a la fuerza la falacia de que la educación en el miedo y el terror produce un estado seguro, “derecho y humano”.

No quiero perder la memoria. Deseo que mis hijos sepan que en este mismo pueblo, al amparo del gobierno autoritario de entonces, era un crimen tener el pelo largo o motivo de despido dejarse crecer la barba; que, por decreto municipal, no se podía caminar en verano con bermudas o minifaldas; que muchos fueron desterrados por pensar diferente o por leer a Neruda. Quiero que conozcan a quienes dictaban esas leyes y a quienes las hacían cumplir, para que la historia no se repita; porque muchos pretenden regir como si hubieran perdido la memoria y la vergüenza.